En Lima, Perú, estamos viviendo días muy fríos. Más de lo común o usual, pero este frío ya pasará. Entre las conversaciones sobre el frío o el invierno, resalta una relacionada a las heladas que son muy comunes en la sierra del Perú. Una de las consecuencias de dichas heladas, que son descensos súbitos de la temperatura por debajo del punto de congelación, es que quema las cosechas. Seca las plantas por el excesivo frío, así las matas de los vegetales o los tallos frescos del maíz o la cebada quedan completamente inutilizados. La cosecha anulada.

Cuentan que al ponerse el sol, si el cielo (con nubes o sin ellas) se torna muy anaranjado entonces se produciría una helada en la noche o madrugada. Pero existe una historia que puede ser común a muchos pueblos y zonas rurales en las alturas peruanas. Muy de noche, al detectarse (no sabemos cómo) la presencia de una helada, tocan la campana de la iglesia o templo y convocan a la población para que salga de sus moradas. Principalmente, son los jóvenes los que se aúnan al llamado. Provistos de latas, ollas, tapas, etc., comienza a chancarlas unas con otras de manera casi interminable. Están pidiendo misericordia (a Dios) para que la helada retroceda.

Otras maneras de luchar contra las heladas eran quemar ramas de algún árbol como el eucalipto deseando que el humo amilane la helada. O lanzar cohetes al cielo, aunque éstos también se usan cuando se prepara la chicha de jora para las fiestas patronales.

Estas historias son reales, cada vez y como otras realidades del pasado se pierden a la medida que pasan los años y las generaciones de personas cambian. Quedan como historias donde se tejía la vida cotidiana con las creencias y las costumbres de cada lugar. Justamente, las creencias (en Dios, en Cristo, en los demás, en la fe y la esperanza, etc.) van perdiéndose y van transformándose. No sabemos que tanto hemos perdido de ese pasado concreto, salvo estas historias, estos relatos de los más mayores. A veces caemos en el rollo de explicarlo todo científicamente o culturalmente dejando de lado la raíz de nuestra existencia. Como que la desnaturalizamos y cambiamos las cosas. Para mal algunas veces.

 
Pero no vale de nada quejarnos del frío, de las heladas, de los tiempos actuales y todos sus problemas sin valorar el pasado y todo lo aprendido en cada uno de nuestros caminos y decisiones tomadas. Pedir misericordia hoy en día debe tener un significado más profundo: pedir por nuestro corazón congelado e indiferente frente a las injusticias, frente a la maldad. Pedir misericordia es abrir nuestro corazón al calor de Dios para no solamente argumentar sobre nuestra fe, sino también actuar acorde a ella e integrar nuestra vida.

Sería muy productivo, a manera de reflexión (aunque ésta sólo mira a la razón) y mejor aún de oración (que mira, que busca a Dios y espera siempre una respuesta) pensar y meditar sobre qué tipo de "heladas" interiores y exteriores tenemos; como personas y como sociedad. Así podríamos encontrar la "lata" ideal para ahuyentarla y sobre todo desterrarla. Necesitamos hombres y mujeres nuevos, siempre.

Dedicamos estas líneas a nuestras amistades y a quienes por casualidad o no lean estas líneas para que puedan discernir qué es mejor para cada una de sus vidas.

Foto tomada de aquí