Escuchabamos por tv una entrevista donde el entrevistado decía que Lima, la capital del Perú, a pesar de estar en la costa, nunca mira al mar. Lima ha crecido de espaldas al mar, esa era su conclusión. Nosotros podemos agregar que tampoco mira a la sierra peruana aún a pesar del terrorismo que vivimos, por un lado, como por la reinante pobreza y exclusión de la mayoría de los pobladores del ande. E, increíblemente, Lima tampoco mira a la selva, ahora agitada por la huelga indefinida que reclama un trato justo en torno a la explotación minera, la deforestación, etc., mejor dicho a la explotación de recursos de manera contraproducente. Otro entrevistado, en otro canal, decía con mucha verdad que para el gobierno o para quienes ejercer en poder (y lo reparten) que para ellos "la selva parece estar deshabitada". Otros dirán que los inversionistas y las grandes empresas miran la selva, y la sierra también, pero no sabemos si se frotan las manos de una manera casi lasciva.

Luego de esta construcción algo atrevida, algo parcial también, pensamos hacia dónde mira Lima… No sabemos decirlo con plena seguridad; tal vez mira instrospectivamente como ella crece y se vuelve diversa, como se viste de diferentes colores sobre un cuerpo social extenso y modernizado  donde unos no muy pocos cada vez gastan más dinero del que normalmente deberían gastar. Un cuerpo social (aún) sobre estructuras tradicionales con sabor a inmortalidad, con espacios aún prohibidos. Bueno fuera un poco de todo lo anterior, pero con orden y con mucho emprendimiento y autoestima. Pero nos late que Lima mira sus pies, mira el suelo por donde piensa caminar; mejor dicho no mira nada, o solo espera. Esperamos equivocarnos y también no vernos reflejados en esta situación. Comencemos por hacer algo.