La calle está dura para los hinchas
 Cuidado con las balas…
Tomado de El Trome

Lamentablemente el fútbol peruano y todo su entorno traen malas noticias, unas tras otras, una peor que la otra construyendo una escalera que nos llevará a colapso. La tragedia en las calles con un hincha muerto y varios heridos, equipos mediocres, dirigentes incapaces; entro muchas otras cosas más son una sumatoria explosiva que refleja lo que somos y debemos superar: informalidad, indiferencia, incompetencia.

No es saludable hacer higado de todo este asunto, pero si es importante estar atentos a estos hechos porque dicen mucho de como somos como país. Aldo Panfichi, sociólogo que tiene un trabajo interesante sobre el fútbol y las barras bravas nos aporta lo siguiente vía Peru21:

Los clubes, aunque deben significar espacios de organización que desarrollen prácticas democráticas, suelen ser en realidad sociedades cerradas, con líderes que se aferran a sus cargos y que recurren a artimañas para ganar las elecciones y eternizarse en el poder.

Y para redondear la reflexión planteada, copio una buena parte del post de Toño Fraguas escrito en su excelente blog, una mirada sobre el fútbol  que debemos leerlo también a la luz de nuestra realidad (con el subrayado nuestro):
 

Un partido de fútbol tiene planteamiento, nudo y desenlace, como las obras de teatro y las novelas tradicionales. Además, los equipos simbolizan países (Estados-nación que, aunque no lo parezca, todavía conservan una fuerte carga emocional). Por último, los once jugadores son un ejemplo de los logros colectivos obtenidos por la suma de individualidades.

El espectador sensible percibe por ello tres planos en un partido de fútbol: un plano real (nos ponemos en el lugar de cada jugador); otro plano de ficción (planteamiento, nudo, desenlace); y un plano simbólico (barrio / nación / ciudad). Por no hablar ya del apego sentimental a un equipo trasmitido de padres a hijos…

Es lícito despreciar el fútbol, pero esa actitud siempre denotará, al menos, una sospechosa falta de curiosidad hacia lo humano. Porque sólo hay tres cosas que echen al ser humano a la calle por su propia voluntad: la religión, la música… y el fútbol.