La reducción de la pobreza en el Perú: los campesinos , testimonio de la pobreza (Parte V)
Los campesinos siembran y cosechan alimentos principalmente para el autoconsumo, también para el intercambio y en menor medida para la venta. Cultivan dichos alimentos con métodos tradicionales y sus cultivos son también denominados tradicionales (papas, maiz, etc.). Desde una teoría de las clases, entendiéndose clases como un "agrupamiento a gran escala de personas que comparten ciertos recursos económicos, los cuales tienen una gran influencia en la forma de vida que pueden llevar"*, los campesinos son una clase social que aparece en ciertas sociedades rurales y que perdura aún en sociedades modernas y que por diferenciación y actividad económica no son ninguna de las tres clases sociales clásicas: ni alta, ni media, ni obrera.
Así, el campesino desde una optica marxista siempre está amenazado en su actividad y en su estilo de vida. Por eso, el campesinado ha sido una pieza clave en algunas revoluciones en el mundo. Sin propiedad ni técnicas, digamos que se reducen a casi nada. Desde una óptica capitalista puede ser vistos como proveedores.
Cada 24 de Junio se celebra en el Perú el día del campesino. ¿Cuántos son? ¿dónde están? son preguntas que el último Censo del INEI ayudará a resolver cuando consolide y presente sus datos (esperamos pronto). En grueso, casi 8 millones de peruanos son la población rural en el Perú según las estimaciones del INEI para el año 2007. La gran mayoría de ellos son familias que viven de la actividad agrícola y similares. Muchos viven en comunidades campesinas.
Desde que se habló sobre la reducción de la pobreza, básicamente ésta se ha dado en el sector urbano o periurbano y en familias que están en actividades productivas ligadas, por ejemplo, a la nueva agricultura (léase agroexportación). Mencionamos esto para hacer notar una diferencia importante: los campesinos no han mejorado su condición en los últimos años. Los campesinos enfrentan muchos problemas y ellos mismos son un problema para otros sectores de la sociedad. Por eso, la pobreza es muchas veces un arma de doble filo, es usada como bandera frente a la lucha de los intereses legítimos de los campesinos y también es usada como escusa para impedir ciertos acuerdos y avances que benedicien a la sociedad como conjunto.
Los campesinos son un testimonio vivo, palpable y hasta cierto punto una buena porción de la sociedad peruana que ejerce influencia política a medida que se acercan elecciones de autoridades para el gobierno. El sintomático rechazo a la actual gestión en el sur del Perú no debe ser ninguneado. Muchos ‘Moqueguazos’ pueden producirse.
No olvidemos que sin su trabajo y sacrificio no tendríamos muchos productos básicos en nuestra alimentación. La pobreza no debe ser un freno a su actividad, tampoco un escudo.
(*) Definición tomada de Anthony Giddens.
Guarnición:
Un pronunciamiento sobre el día del campesino y debajo una foto bastante ilustrativa de sus demandas…
“POR UNA VIDA DIGNA PARA LOS CAMPESINOS”
“ALLIN KAUSAY” “SUMA JAKASIWI”
Cada 21 de junio celebramos el solsticio de invierno, año nuevo andino, como inicio del ciclo y renovación de la vida en el mundo andino; luego sigue el 24 de junio, día del campesino, fiesta que muestra el sincretismo religioso con la celebración de San Juan Bautista y a ello se suma la alegría de las comunidades campesinas en toda la región surandina.
En medio de este ambiente festivo, el campesinado peruano muestra una realidad de exclusión del mapa de las prioridades en el Perú. Sigue vigente el diagnostico de la Conferencia Episcopal de Puebla: “rostros de campesinos que como grupo social viven relegados, a veces privados de tierra, en situación de dependencia interna y externa, sometidos a sistemas de comercialización que los explotan (Nº 35).
Sucesivos gobiernos han considerado a este sector de la población como improductivos o económicamente no activo. Alan García en su artículo “El síndrome del perro del hortelano” critica a las comunidades campesinas por acaparar tantas tierras y propone vender las tierras comunales para dedicarlas a la agro exportación y a la minería; su prioridad, es dar incentivos a la gran inversión para favorecer el desarrollo de los grandes capitales dejando al desamparo a la población marginada del país.
Muestra de ello es la publicación de sucesivos decretos legislativos, entre ellos el
D. L. Nº 1015, supuestamente para mejorar la producción, pero en el fondo, vulnera el derecho a la propiedad comunal, el mismo que se encuentra protegido por la propia Constitución Política del Perú y los instrumentos internacionales suscritos por el Estado Peruano, como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ratificado por la R.L. N° 26253. Estos hechos reflejan el incumplimiento del Estado de los compromisos internacionales asumidos, como si con una mano quisiera borrar lo que hace con la otra.
El Estado peruano, en la actualidad, está entregando en concesión grandes extensiones de tierras de las comunidades campesinas a las empresas mineras sin consultar a la comunidad. Este es un grave atentado contra el campesinado y sus tierras. Para el campesino Quechua y Aymara, la tierra es sagrada, es la madre que nos alimenta con sus entrañas, es el centro que sustenta la vida; es el origen de la condición humana, de su religión y sus mitos, de sus manifestaciones artísticas y culturales en general y por lo tanto su relación con ella es de profundo respeto. Sin embargo para la empresa minera la tierra es solo mercancía que hay que sacar de sus entrañas para luego abandonarla herida y enferma, con el argumento de que es la mejor vía para el desarrollo. La riqueza de la tierra se va fuera del país.
El campesinado del Sur Andino, ha mostrado ser capaz de resistir los embates de la pobreza, los fenómenos climatológicos y la violencia política con mucha creatividad y valentía. La convivencia en comunidad ha sido vital para enfrentar los desafíos y problemas que aquejan al campesinado. Por ello consideramos a la comunidad campesina como el eje de desarrollo integral en el área rural andina, no solamente desde el punto de vista técnico, sino también político, pues hay que reconocer que nuestro país ha sido y seguirá siendo fundamentalmente andino. Este componente marca no sólo nuestra particularidad histórica, sino en gran medida, la posibilidad de forjar una propuesta de desarrollo humano integral, nacida desde las entrañas de los pueblos quechuas y aymaras.
Por lo expuesto consideramos que es fundamental el fortalecimiento del sector campesino y sus organizaciones, no sólo por sus antecedentes históricos sino porque han permitido el sostenimiento de una serie de valores culturales y formas organizativas que es urgente rescatar y potenciar. Son las comunidades campesinas, las que con sus prácticas democráticas, como la elección de dirigencias y trabajos comunitarios se convierten en semilla de la democracia.
El Instituto Sur Andino de Investigación y Acción Solidaria (ISAÍAS) es una asociación civil con inspiración cristiana y una clara Opción Preferencial por los Pobres y a partir de las reflexiones señaladas en el presente, queremos expresar públicamente nuestra preocupación por la difícil situación que atraviesan nuestros hermanos(as) campesinos(as) y hacemos un llamado a las autoridades y sociedad civil, para que interpongan sus buenos oficios a favor del respeto de los pueblos indígenas y que promuevan la plena efectividad de sus derechos sociales, económicos y culturales, respetando su identidad social y cultural, sus costumbres, tradiciones y sus instituciones.
Finalmente queremos expresar la renovación de nuestro compromiso de seguir caminando juntos para construir una sociedad justa, fraterna y solidaria.
Feliz día del año nuevo andino
Un abrazo fraterno a la hermana y hermano campesino en su día.
“POR PRODUCCION Y DESARROLLO, RESPETANDO A NUESTRA PACHAMAMA”

Foto tomada de aquí.


