El buen Rojo me hizo recordar el reciente par de temblores que vivimos en Lima hace unos días atrás. Mejor dicho me hizo recordar las diferentes reacciones frente a los temblores.

Desde el 15 de agosto del año pasado, los que hemos experimentado el terremoto vivimos con la alarma sísmica encendida en nuestro interior. El problema es la reacción frente a los futuros temblores. Imagínense que tuve un familiar internado en uno de los hospitales más importantes de Lima. En el piso 9. Y al momento del sismo de las 7:50 am, las que perdieron la compostura fueron las ENFERMERAS. Gritaban como locas por todo el pasillo. Los internados, operados la mayoría de ellos, deben haber sentido que se acababa el mundo.

Ese día en todo el hospital se reportaron como 5 infartos a causa del temblor matutino.

Y cuando alguien quería llamar a sus familiares, la triste realidad dela informalidad de nuestro país se hizo patente: nuevamente no había forma de comunicarse porque nuevamente las redes de celulares colapsaron. ¿Y el Estado, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones, las instituciones reguladoras? Pues nada, creo esperan un terremoto con sutnami para reaccionar. Como decía la "profecía" de Santa Rosa de Lima, esperan que los barcos del Callao encallen en la Plaza de Armas.

Pero tampoco veamos solo la paja en el ojo ajeno. Primero no desesperamos frente a nuevos eventos sísmicos. Aún tenemos que centrar nuestra sensibilidad y aprender a  planificar nuestras acciones frente a futuros terremotos. ¿Cuántos tienen en sus casas un botiquín, un kid de elementos de supervivencia, etc? No nos descuidemos.