A continuación vienen algunas razones estudiadas sobre el fracaso de los matrimonios jóvenes. Me imagino que se refiere a personas jóvenes que deciden casarse. Veremos si es una decisión correcta hacerlo y también ponderemos leer entre las principales causas algunas razones de estos matrimonios. Como ya saben, muchas veces algunas parejas se casan porque van a tener un bebé. La presión familiar y del "qué diran" a veces es muy fuerte en nuestra sociedad. Tampoco hay que olvidar que muchas parejas optan por la convivencia antes de casarse o simplemente conviven sin pensar casarse. O si se casan es civilmente y ya no optan por un matrimonio religioso; que muchas veces es el pretexto para la fiesta y la expresión social de la nueva pareja que ciertamente es muy importante.

Yo tengo amigos que se han casado y que están por casarse. He visto casi de todo, resalto sobre todo que las parejas que "duran" o que mejor dicho aprender a crecer juntas son aquellas que han descubierto un profundo amor. Tal vez alguien se anime a comentar y aportar algo más sobre esto que no solo son palabras. Me viene a la mente los matrimonios de antaño, muchas veces escuchamos que eran arreglados y demás detalles hasta sordidos de cómo hasta ahora han "durado". Ahí creo está el detalle, a veces duración no implica una vida feliz un matrimonio; pero también es cierta la frase que escuche de una persona mayor al responder a la pregunta "¡¿Pero como te casaste a los 16 si ni lo conocias!?" y la respuesta fue "Tengo toda una vida para conocerlo". Repito, ahora las cosas han cambiado mucho, pero creo que lo que permanece siempre es cierta devoción que la pareja debe tener y como ya saben todo ese rollo muy acertado que el amor es decisión, comunicación y etcétera. Ya me extendí mucho, copio debajo lo que motivo este posteo.

 

¿Por qué fracasan los matrimonios jóvenes?

P. Carlos E. García Llerena CJM

Se me desgarra el corazón cuando constato la fragilidad y mortandad de tantos matrimonios jóvenes, algunos de ellos incluso fracasando antes del primer año de convivencia, y me pregunto: ¿qué estará pasando?, ¿dónde está la falla?, ¿de quién es la culpa?, ¿es que se puede prevenir?

Estas mismas preguntas me hacía en Roma mientras terminaba una maestría en teología del matrimonio y la familia. Fueron estás mismas preguntas las causantes de la elección de mi tesis en el campo del drama de las separaciones.

A lo largo de un año de investigación puede aislar las que considero las causas más importantes que llevan al fracaso a los matrimonios jóvenes. Pasemos a verlas:

Hijos sobreprotegidos

En la segunda mitad del siglo XX el mundo en que vivimos pasó de ser eminentemente rural a ser exageradamente urbano. De pequeños pueblos se ha pasado a Megaciudades y de familias numerosas, necesarias para hacer producir la tierra, a familias con uno o dos hijos que son una constante reiterativa de consumos y gastos.

En las familias numerosas, los hijos aprendían a vivir en un medio competitivo y a desarrollar sus mejores cualidades para "sobrevivir" entre sus hermanos, no había sobreprotecció n y la competencia era la regla. En las familias urbanas, los peligros que entraña la ciudad y la escasez de hijos vuelven a los padres sobre protectores. Se les evita sufrimientos y se les llena de cosas, al punto que no saben valorar lo que no les ha costado. Los padres hacen incluso las cosas que les corresponde hacer a sus hijos, volviéndolos inútiles. Son hijos a los que se les ha evitado el sufrimiento al punto de volverlos ineptos para un mundo altamente competitivo.

Intolerantes a los conflictos

La sobreprotección ha terminado por volverlos intolerantes para afrontar los conflictos que la vida de pareja les depara. Acostumbrados a tener siempre lo que quieren, exigen de su pareja se comporte como lo han hecho sus padres, cediendo en todo y satisfaciendo todos sus caprichos y necesidades. Cuando adviene el conflicto, no son capaces de ceder ni de afrontar la situación, entonces la mejor salida al conflicto se vuelve el evitarlo y darle la espalda. ¿Ha donde escapar?, pues al único lugar donde nos comprenden: "debajo de las polleras de la mamita".

Cortarles la vía de Escape

En mis estudios romanos, en el trabajo de campo realizado, constaté que en el 70 % de los matrimonios que fracasan por una "tercera persona", esta tercera persona no era necesariamente un amante sino que en la gran mayoría de los caso se trataba de un familiar cercano, en especial la madre de uno de los cónyuges, o sea la suegra.

Constaté que muchos de los hijos que "partían" para formar un nuevo hogar, aún mantenía en sus casas de origen, el dormitorio de soltero que la madre le tenía siempre listo para cuando quisiera "llegar a descansar". ¿Descansar de qué o de quién? - me pregunto - y la única respuesta que encuentro es que del "pobre cónyuge" con quien su hijo se casó.

Creo ser el único sacerdote que cuando una pareja le pide celebre su matrimonio, les exijo conversar con sus padres. Algunos se enojan diciéndome que no va a realizar su Primera Comunión, pero yo insisto. Y cuando los tengo cerca les invitó a "cortarle la vía de escape" a sus hijos. O sea, que le digan claramente a su "hijo casandero" que su dormitorio de soltero desaparecerá, será entregado a otro hermano o convertido en estudio, costurero o gimnasio.

Si la vía de escape está cerrada, les tocará enfrentar con sus cónyuges los problemas antes de intentar una "Tocata y fuga".

El casado casa quiere

Ya el Génesis 2,24, atribuido a la tradición Elohista, y por lo tanto con más de 3.000 años de antigüedad; nos da la clave inicial para la supervivencia de un matrimonio: "Dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne".

Si los matrimonios jóvenes le hicieran caso a este texto bíblico, no habría tantos fracasos. Este pasaje tiene más de tres mil años de antigüedad y resume la esencia del matrimonio. De ahí que la primera recomendación que siempre les hago a los futuros esposos es el de salir de la casa paterna e ir a formar su propio hogar bajo su propio techo, aunque sea arrendado, ya que cómo dice el viejo dicho: "El casado, casa quiere", y al que yo le añado este otro refrán de mi propia invención: "Matrimonio que se arrima, matrimonio que se arruina" con rima y todo.

Suelo insistir en que los novios deben prepararse para el matrimonio como uno se prepara para ser médico, ingeniero o economista. Los jóvenes llegan apresurados con la idea de casarse sin querer hacer el curso prematrimonial. Además, cuando les pregunto ¿dónde van a vivir? y me dicen que con los papás de él o de ella, entonces prefiero decirles que busquen otro sacerdote dado a que no estoy de acuerdo con que un matrimonio nuevo viva "arrimado" pues cómo dice otro dicho popular: "Un Gallo no cacarear en corral ajeno", y menos en el corral de sus suegros.

Aconsejo a los futuros esposos que deben buscar primero dónde van a vivir, porque lo ideal es que empiecen los dos juntos y solos, para que puedan construir su nido de amor y formar una relación fuerte de interdependencia, excluyendo a terceros.

Se unirá a su mujer

Mi segunda recomendación, también inspirada en Gn 2,24 es: "Se unirá a su mujer." .El hombre debe aceptar a su cónyuge con sus cualidades y defectos. Si le descubre aspectos negativos, acéptelo como es y no trate de cambiarlo, ni menos se le ocurra pensar que su pareja cambiará con el matrimonio, pues el matrimonio nunca mejora las cosas, sino más bien, tiende a complicarlas. Todavía oigo decir a muchas mujeres: "Cuando me case, él dejará de ser mujeriego o dejará el trago".

Saber a qué atenerse

El tercer consejo de Gn 2,24: La mujer y el hombre deben saber a qué atenerse pues el matrimonio implica que los dos serán una sola persona donde los proyectos individuales se cambiarán por proyectos de pareja. Las decisiones se tomarán también en pareja. Tanto él como ella comenzarán dejarán a sus amigos individuales, para empezar a salir con parejas amigas y no el uno por un lado y el otro por otro con sus respectivos amigos.

El éxito del matrimonio no está en saber ganar, sino en saber ceder. Porque si ninguno está dispuesto a ceder, la unión va camino al fracaso. Cuando uno está dispuesto a perder es cuando gana".

Por eso cuando una pareja me pide ayuda, lo primero que le pregunto a cada uno es: ¿Usted quiere salvar su matrimonio? Si los dos responden que sí, la labor comienza. Pero si una de las partes no le interesa, yo no pierdo mi tiempo y tampoco se los hago perder a ellos. Nada se puede hacer si uno de los dos decidió unilateralmente "sacar los pies del plato".

Cómo acabar con las discusiones

Para las parejas que viven peleando les tengo un secreto para que estas discusiones se acaben. Cuando discutan, tengan en cuenta lo siguiente: El primero que levanta la voz, grita y comienza a insultar está perdido, pues por psicología, el que tiene la razón NUNCA necesita levantar la voz. Patear el tablero es signo de no tener argumentos, por lo tanto es el que realmente ha perdido en la discusión; porque quien tiene la razón no necesita jamás levantar la voz".

Me entristece escuchar en novios ya comprometidos en matrimonio, frases cómo: "Me voy a casar, pero si me va mal me separo". Si de entrada, antes de haber iniciado la experiencia van ya con esa premisa negativa, entonces aquel matrimonio jamás va a tener éxito.

A los padres de hoy les recomiendo educar a sus hijos en el compartir, a no satisfacer todas sus necesidades, ya que así podemos estar creando hijos excesivamente individualistas e incapaces para el amor.

El respeto mutuo es el eje central que siempre debe cuidarse en un matrimonio, pues si hay respeto y consideración por el otro, ese matrimonio tendrá la garantía y certeza de llegar a envejecer juntos.