Repasando algunas lecturas para el fin de semana, entre una novela pendiente y algunos textos para una charla a jóvenes, me detení en las lecturas del vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario para la Misa de este Domingo 30 de septiembre.

Me quedé dándole vueltas a la primera lectura (Amós, 6 1.4-7) que corresponde al Antiguo Testamento. Amós, el profeta de Tecua, llamado el "profeta de la justicia social" exhorta a la clase dirigentes de su tiempo. En el siglo VIII antes de Cristo, a pesar del bienestar general conseguido, el mal sigue creciendo y los que tienen el poder (identificados como los nobles, los cortesanos, los militares, los grandes latifundistas y los comerciantes inescrupulosos de ese tiempo) no hacen nada por los pobres y desprotejidos. Y lo peor es que viven del trabajo de estos últimos.

El texto de Amós no es solamente un llamado de atención, ni se queda en exhortación. Previene de un castigo por todo lo ya mencionado. Ese es el mensaje y si lo leemos a través de nuestros días podríamos interpretarlo de manera personal (lo que debo hacer y cambiar yo) y social (lo que está pasando en mi sociedad y debe mejorar).

Vayamos al lado social del asunto. Han visto las noticias estos días, sobre todo esas que pasan casi sin conocerse ni generar debate. Por ejemplo, las graves consecuencias con recortar parte de la selva peruana, o la nueva ley con poca regulación para la construcción de viviendas en el Perú, o la jugada de los Apristar para salvar a un ministro que ya huele a cadaver. Todas estas noticias tienen que ver con el ejercicio del poder, con el aprovecharse de las circunstancias y no medir las consecuencias.

¿Qué tiene que ver todo esto con el texto de Amós? Básicamente en que nuestro tiempo de crisis es en el fondo idéntico al de la época de Amós. Los pobres de hoy viven a la sombra de los poderosos de siempre y la JUSTICIA que es necesaria en una sociedad que ha vivido la muerte de muchas personas y que a pesar del bienestar económico aún no encuentra tranquilidad ni descanso en su corazón. Los "ricos", o sea los poderosos siguen en sus festines de influencias, de soberbia, de cegueras y placeres llenos de ego.

La pregunta final es ¿Estamos a la puerta de un inminente revés o castigo? Ah, no es que Dios sea castigador, nosotros solos nos castigamos. Y a la par, ¿Qué podemos hacer con tanto desempleo y tanto maltrato? Protestar ya no alcanza, la violencia tampoco es solución; sería seguir castigándonos. Por eso debemos poner nuestra esperanza por delante frente a la política servil, frente a la sociedad indiferente y frente a las personas que aún no usan sus neuronas y parecen dormir.

Ya ven que en lo social, en esa dimensión, se juega mucho el futuro de todos y nustra realización pasa por la realización de los demás. Amós no quería lujos ni riquezas ni ricos prepotentes. Quería justicia y misericordia. ¿Y tú quieres seguir en la orgía de los disolutos?

 

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