Revista SOMOS, Sábado 21 de Abril 2007

Página 29

“Esas son sus verdaderas armas de destrucción masiva
Por Carlos Iván Degregori (Antropólogo)

Cada cultura y cada época tienen sus formas propias de locura. Crecí viendo como una vecina iba perdiendo la razón. Sus obsesiones eran la religión, el sexo, los apellidos, el color de la piel. Se volvió loca choleando a todo el mundo. No puedo imaginar algo más peruano, o más limeño.

En ese sentido, sí, la masacre en Virginia Tech es tan norteamericana como el fast-food, pero no es que solo ellos están locos y nosotros no. Por otro lado, es una locura muy S. XXI, totalmente mediática, con el asesino enviando material audiovisual a una de las grandes cadenas de televisión, mientras todas competían por seguir minuto a minuto la noticia en su sección Breaking news, preguntándose una y otra vez: por qué.

Sobre el por qué. Hay gente que pierde la razón en todas partes, pero solo en EE.UU. pueden tener un acceso tan fácil a “armas de destrucción masiva”, como le gusta decir al gobierno de ese país. Es impresionante cómo en la última racha de masacres antes de Virginia Tech, especialmente una que tuvo lugar en una escuela Amish, los medios y los políticos discutían que hacer: poner detectores de metales en las entradas de las escuelas, aumentar el personal de seguridad armado, hacer simulacros con profesores y alumnos, como los que se hacen para prevenir muertes en los terremotos. A nadie se le ocurría restringir o prohibir el uso de armas de fuego. Algo tan de sentido común.

Sí, es una sociedad que ha perdido el sentido común, en aras de la defensa de libertades (la 2da enmienda de la constitución permite llevar armas a los ciudadanos), que tenían sentido en la época del Lejano Oeste. Curioso que EE.UU. aparezca como una sociedad atrapada por su pasado, un poco como los extremistas musulmanes. Aunque si se escarba más, se encuentra rápidamente a la National Riffle Association, asesinos con guantes de seda, vendedores de armas que no dejan huella y que son uno de los lobbies más influyentes en el país más poderoso del mundo y que han logrado atemorizar o cooptar a los políticos de los dos partidos y sacar del debate el tema de la posesión de armas de fuego.

Por otro lado, está la soledad de los campus, de muchas ciudades universitarias norteamericanas. Paraísos en medio de la nada, que si se ve más allá de los jardines y los bosques en medio de los cuales están construidas las facultades y los laboratorios, se encuentran grandes usinas, fábricas de conocimiento donde las “máquinas” han sido reemplazadas por las bibliotecas que funcionan casi 24/7 como dicen en EE.UU., es decir ininterrumpidamente, y donde los estudiantes, sobre todo graduados y graduadas, de aspecto saludable y en muchos casos angelical, viven en una competencia feroz que han internalizado pero que a veces revierta como en Virginia Tech.

Pero las masacres se han producido no solo en las universidades sino sobre todo en las escuelas y en eso sí hay algo de enfermo, estas masacres podrían ser casi una metáfora de una sociedad que se suicida (como el asesino de Virginia), que decapita su futuro al asesinar niños y niñas, que son, de acuerdo al cliché, el futuro de la patria, o en este caso de la humanidad.

Hay muchos ejemplos de pueblos originarios que ante la perspectiva de una subordinación insoportable de Occidente en expansión, optaron por diferentes formas de suicidio. Los Bororo de Brasil, se alcoholizaron; ciertos anarquistas españoles se negaron a procrear. Extraño que algo semejante pudiera estar pasando en el país más poderoso que jamás haya existido. En EE.UU. están matando a sus niños y jóvenes, o sea empeñan en mandarlos a morir en una guerra absurda en Irak cuando deberían estar haciendo el amor y no la guerra y, a pesar de las décadas, el lema de los hippies sigue vigente.

Si la sociedad norteamericana está dispuesta a examinar su obsesión por las armas y sus otros fantasmas, no lo se, pero sospecho que la derrota de Irak ha abierto una posibilidad y masacres como estas, que inundan a todo el mundo de dolor… y de temor porque en la aldea global estas formas de locura se contagian, espero que esta sea, decía, una oportunidad para que en las elecciones de 2008 se ponga por lo menos en la agenda el tema de la Asociación Nacional del Rifle y los lobbies de las armas, y no solo la mano dura y la pena de muerte, que ya ni es necesaria porque los propios asesinos se la aplican. Estados Unidos es un país con grandes reservas morales y de creatividad. Ojalá irrumpan con fuerza y el país cambie de rumbo, por el bien de todo el planeta.