Bla bla bla…
Bla bla bla y más…
Bla bla bla… y bla.
A eso suena la mayoría de veces la famosa canteleta de los papás, mamás, abuelos, abuelas, tíos, tìas, o quien se encuentre en ese rol y esa posición de autoridad frente al parvulo, al niño, al puber y sobre todo al joven muchacho o joven doncella.
- ¿Qué vas a salir?
- Sí. Con mis amigos.
- ¿Cuáles de todos?
- Con X, Y, Z y también con XXX.
- ¡Ah no! Menos con XXX, eso si que no…
- Porqué le odias ahhhh.
- ¡Conozco a sus padres y mejor ni contarte!
- Pucha ni que fuera a salir con sus viejos ya.
- No, no,no. No sales porque BLA BLA BLA BLA… y BLA.
(entiéndase cada BLA como una parte discursiva intensa en moral, buenas costumbres, quejas, aforismos, rajes, descontextualizaciones y demás maravillas; tal vez verdades a medias)
- ¡Te pasas ni que él fuera Anibal Lecter y su familia la Familia Monster! ¡Te odio!
Con o sin razón, con o sin motivos, la cantaleta funciona aunque ustedes no lo crean. La cantaleta forma personas y ayuda a la larga a saber quien es quien. De chicos, la mayoría de veces ella entraba por una oreja y salía por la otra. Pero creo que muchos se darán cuenta que si hubieran hecho ciertas cosas que la cantaleta impidió o por lo menos retrazó las cosas no serían igual.
La cantalera es efectiva, lo malo es que es un aprendizaje por negación, por prohibición. ¿Es mejor la dichosa cantaleta o una conversación buena, larga, pensada, negociada? Bueno, uno primero aprende imitando, entonces imitamos las virtudes y defectos de nuestros padres y del entorno; y así todo se repite, el dichoso círculo vicioso, para bien y para mal.
Que diferente sería si aprendieramos a vivir en libertad, con libertad y donde justamente la cantaleta sea un momento más y no un entuerto en nuestra psicología, ni un rollo que aguantar ni un sapo más que tragar.
Con o sin cantaleta, van a ver que nos volvemos hasta cierto punto repetidores de ella… Ella nunca morirá mientras existan los padres… 


