¡Qué bonito, qué bonito! Esta semana ha salido a la luz la última  encuesta sobre la corrupción en el Perú. Mejor dicho sobre la percepción de la corrupción, cosa que a mi entender es diferente al problema real. Pero que de hecho nos aproxima a este problema eterno. La frase "no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista" no sirve si hablamos de corrupción. Así de simple. Podemos ponerle el nombre que queramos para no llamar corrupto a alguien o no admitir que participamos de la dinámica de la corrupción pero allí siempre estará ya no solo tentándonos sino volviéndose siempre parte de nuestro estilo de vida que convive con la democracia, con los deberes y derechos, etcétera.

coima

La persona honesta pasa a ser el tonto de la película nacional. Digamos que siempre fue así. El vivo, el pendejo o pendeja, ese o esa que vive de coimas, de cutras, de alitas, de "incentivos", de "para la gaseosita pe’ cuñao"; manejando su propio menú de precios, de porcentajes, de "tajaditas" es quien la "hace linda" y en el fondo no pasa nada. Es lo normal, eso porque está generalizado. Tampoco vamos a poner a todos en el mismo saco. Nuevamente hay que pensar en las motivaciones personales que permiten que la corrupción continue.

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La mayoría de peruanos confía que la corrupción será vencida, que irá disminuyendo. El poder Judicial y la Policia Naciona son vistas como las instituciones más corruptas, aunque nadie se escapa. Muchas veces cuesta denunciar la corrupción por las represalias, venganzas o intimidaciones como en el caso del hermano del Alcande de Miraflores, pero debemos hacer algo ahora: Sociedad y Estado, todos juntos.

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