Con tanta noticia negativa en la televisión y en general en todos los medios de comunicación es necesario resaltar una de las características de los peruanos: la solidaridad. Puede ser la otra cara de la moneda si lo vemos desde la perspectiva de la indiferencia y la ignorancia que ya he tratado anteriormente.

Ahora, voy a describir un hecho igual de sencillo, en apariencia, que el caso de la niña despojada de su asiento en una combi. Ahora el escenario es una cafetería en un centro comercial relativamente acomodado. Mientras una señora y su hijo tomaban un cafe con una torta y un jugo surtido y un pastel respectivamente; una señora de la tercera edad, una viejita desdentada y algo desarreglada, se acercó silenciosamente y dijo:

- Me daría para un cafe señora -dijo con voz baja como pidiendo permiso.
- Bueno, siéntate y te pido un cafe -respondió la señora prontamente y con amabilidad.
- Gracias -respondió mirando al piso denotando cierta falta de dignidad.
- También te voy dar un torta.
- Lo que usted diga, muy agradecida.

Mientras sucedía esta escena, al costado de la señora y su hijo estaba parada una joven ejecutiva esperando su vuelto. Por la ropa y el estilo de hecho trabajaba en uno de los bancos cercanos a la caferería. Al apreciar lo anteriormente relatado su rostro primero denoto cierta soprensa y luego una media sonrisa. Algo así como sintiendo vergüenza ajena. Talvez se preguntaba como habría reaccionado si le pidieran lo mismo; porque lo usual es salir de ese tipo de situaciones y muchas veces ni miramos a las personas que piden algo o lo hacemos de mala gana.

La señorita se quedo parada un buen rato, mientras seguía esperando su vuelto, observando como la viejita tomaba su cafe y se decidió a abrir la boca:

- Usted siempre viene por acá cierto.
- Si señorita, vengo por las tardes -respondió la viejita.
- Espero verla mañana o pasado porque le traeré un par de chompitas que le van a servir.
- Muy agradecida señorita.

Estoy seguro que dicha joven ejecutiva si no ve un acto de caridad, un acto de alguien que ella considera su igual y que ayuda a alguien que realmente lo necesita, muy probablemente no haría nada. Porque personas como la viejita pasan muchas veces por nuestras narices y para la mayoría es como si no existieran. Lo que la llevó a brindar su apoyo fue un acto similar. Ahora imagínense que la mayoría actuase de la misma manera.

Se dice que el peruano es solidario y de hecho lo es. Lo que falta es iniciativa y dar el ejemplo porque así otros le seguirán. A veces pasamos por etapas de voluntarismo, ayudando mucho a niños, a personas pobres, a enfermos, etc., pero pasa la vida y ello queda como un recuerdo. Falta el ejemplo, falta un comportamiento solidario y efectivo; ello en lo cotidiano porque es facil caer en el discurso que nadie hace nada por los más necesitados, que el Estado no se preocupa debidamente. Y no se cae en la cuenta que el Estado somos todos, todos somos parte de una sociedad y de circunstancias o círculos viciosos que podemos coadyuvar a resolverse de a pocos y con efectividad.

Finalmente, hay muchas definiciones de pobreza. Yo me quedo con aquella que dice que las personas no son pobres, sino que están en situación de pobreza y eso se traduce como abandono en lo económico, el lo social y básicamente en lo moral. No abandonemos a los demás, dejemos la indiferencia. Debemos aprender de pasar del discurso a la acción. Aunque ello cueste comprometer o sacrificar algo que ya hemos ganado.

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